"¡¡Mamá, mamá!! ¡¡Ya sé que quiero ser de mayor!!""
"A ver dime Fulanita"
"Pues... pues... pues... ¡QUIERO SER UNA CINDY!"
"¡Ah! Pues claro... Rubia, guapa, con dinero, un deportivo rojo descapotable último modelo y un novio con tableta de chocolate... Si no me has salido tonta, bonita.
"No, no, no, mamá... Quiero ser Cindy de esas con barbas progresistas desfasadas, de las que no han dado un palo al agua en su vida y que se creen representantes de un colectivo para repartirse el jugoso pastel. ¡Ese es el chollo, mamá!
" ¡Pero bueno, niña! ¿Qué tipo de Cindys son esas?
" Mira que no te enteras de nada... Quiero ser Cindy...calista.
Y así está el panorama nacional para el día 29 de septiembre, señores. Una huelga general programada desde hace por lo menos 4 meses. Pantomima y/o tomadura de pelo serían términos no menos acertados para designarla. Un parón programado en un país en crisis, en supuesto beneficio de los trabajadores en el que ciertas asociaciones intentan reclutar a los mismos para hacerlo. Desde mi humilde punto de vista no tiene mucho que ver con los intereses de estos... ¿Acaso no debería ser promovida por los trabajadores y no por sus pseudorepresentantes políticos? ¿No deberían ser los colegios y colectivos de trabajadores los que saliesen a la calle, exigiendo una política laboral más justa? Sin embargo, siempre los primeros en estas cosas son los mismos, las mismas caras, las mismas manos políticas, pulcras y pulidas sosteniendo las pancartas manifestantes, dejando atrás las encalladas manos de los trabajadores cuyas peticiones quedan ahogadas en trámites burocráticos. Pregunten, pregunten si no a los mineros asturianos, a los agricultores de jaen...
No soy demasiado docto en la vida política, pero desde que tengo uso de razón siempre he visto al señor don Cándido Méndez como dirigente de la Unión General de Trabajadores, esto es, cerca de más de 10 años... Perdonénme mi ignorancia política y sindical, ya que desconozco el salario que el señor Méndez recibe y sin que esto sea ningún obstáculo ni condicionante para influenciarme en mis opiniones, debo decir que dicha presencia me parece vergonzosa... El tiempo evoluciona a pasos quizá excesivamente rápidos y la sociedad debería seguir al mismo, pero en temas políticos no hay renovación, en términos laborales no existen o no pueden existir ideas novedosas... La revolución industrial hace tiempo que pasó, han desaparecido los edificios de obreros, en los que vivían hacinadas hasta 20 personas en un espacio muy reducido, se ha mejorado (aunque sin llegar a equipararse totalmente) la situación laboral de la mujer, sanidad, educación, reducción de contaminantes, el auge del sector servicios, ¡ha cambiado el modelo de trabajador! Estamos en el siglo XXI, en el que unas ideas desfasadas lo único que hacen es comprometer el esfuerzo del buen trabajador en beneficio de un miembro de plantilla desganado y trivial para el equipo en el que está. Pues bien, una de dos, o los dirigentes sindicales tienen esas ideas y por lo tanto sería conveniente y provechoso para la sociedad un cambio: bien de ideas, bien de dirigentes; o, el pastel de ser sindicalista es demasiado jugoso y quieren seguir repartiéndoselo ellos.
No voy a pedir que no se vaya a la pantomima, perdón, digo huelga general, pero si recomendaría, en caso de dar una respuesta afirmativa, que se reflexione pausadamente sobre los beneficios de la misma: para el trabajador o para el sindicato. No faltarán desde luego, los que vayan alegando sus derechos para poder perder un día de trabajo sin necesidad de recuperarlo: espero que sean los menos, y que los que acudan sea por no reflexionar, por que si hay algo que me come las entrañas son los pésimos trabajadores, y esto ratificaría la hipótesis de que esta clase abunda en nuestro país...
Y sí, hay que apretarse el cinturón, llevamos tiempo apretándonoslo y sabemos como hacerlo aún a riesgo de irnos por la pata de abajo, pero es ahora donde deben de salir los buenos trabajadores, los que levantarán el país... No a base de huelgas sindicales, sino con un granito de arena, que día a día irá aflojando la presión que nos oprime el bajo vientre.
Sólo espero que algo se encienda dentro de cada uno de los que leais estas líneas y penseis si de verdad el trabajador está tan desamparado en la empresa y tan protegido por el sindicato, y sobre todo, empezad a plantearos la posibilidad remota de que ya es tiempo de que nos dejen de tomar el pelo...
Y ya sabéis, niños y niñas, las Cindys, mejor que sean de plástico...