Parece que fuera ayer cuando comenzó el trajín univesitario...
Van cinco años desde aquel septiembre... y, sin embargo, queda tan reciente... Echando la vista atrás, ligeramente, puede verse, a modo de diapositivas blancas y negras, todo este tiempo de madurez: educativa, puede; intelectual, tal vez; personal, sin duda. Aún así, el trasiego de la vida moderna no nos deja ni tiempo para pensar en el futuro... año tras año nos hemos dedicado a llevar a cabo una sucesión constante de estudio y ocio a partes desiguales, en la que cada cual tomaba su rol e intentaba elegir la fracción que dominaba. Siempre quedaba un año más. Hasta este.
Ahora un ciclo se acaba, queda la experiencia vivida y amistades que mejorar con el tiempo, cual buen vino, a pesar de las que se hayan disipado. Y el gran temor: la salida al mundo laboral. Somos carnaza, nuevos proyectos de hombres y mujeres desorientados, desnudos y confusos... pero también somos savia nueva, emprendedores y llenos de ganas. El mundo es nuestro.
La clase se empieza a cerrar, se está apagando la bola de luces del festival, y la orquesta está a punto de enmudecer... pero todavía nos queda tiempo: es posible bailar una última vez y brindar con champán por esta etapa de la vida. Aún nos queda tiempo. Es posible echar un último baile, ¿vienes?